-Ante tanta incertidumbre lo mejor siempre será abstenerse...
- ¿Por qué?
- ¿Por qué?
Él se quedó en silencio, siguió caminando. Ella lo acompañó. No volvió a preguntar, como si lo entendiera. Como si el silencio de sus palabras le fuese respuesta suficiente.
Luego se detuvo, dio dos sorbos a su cerveza, se sentó en una banca del parque y colocó sus manos entre las piernas. Era una de esas madrugadas capitalinas frías y lejanas.
Él inconscientemente empieza a mover su pierna repetidas veces.
- Yo creo que me da miedo. Me da miedo no saber qué hacer cuando por fin algo deje de ser incierto.
- Pero sí sabes... O por lo menos eso es lo que me has dicho. Me has dicho que no quieres incertidumbre, que quieres volver a amarla y abrazarla en la mañana cuando despiertes.
- Abrazarla... prepararle el desayuno...
- Entoces algo sabes.
- Algo sé, sí.
- Pero sí sabes... O por lo menos eso es lo que me has dicho. Me has dicho que no quieres incertidumbre, que quieres volver a amarla y abrazarla en la mañana cuando despiertes.
- Abrazarla... prepararle el desayuno...
- Entoces algo sabes.
- Algo sé, sí.
En ese momento suena el celular de él. Lo levanta con desgano. Lo pone dentro de su bolsillo pero antes lo silencia. Deja de sonar.
- Ante la incertidumbre, abstenerse
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