Se mueve con facilidad encontrando la belleza donde nadie la ve y hace
críticas a una sociedad donde las cosas no están bien. Pero de ninguna forma
piensa hacer algo para cambiarla, pues afirma que su “objetivo no es llevar un
mensaje social, la gente cambia si quiere”. A sus 33 años el cineasta de la
Universidad Nacional es una de las jóvenes promesas del cine colombiano.
Colombia no está en
su mejor momento en cuanto a cine se refiere. Esa es la conclusión a la que
llegan muchos expertos y cineastas sobre la realidad del séptimo arte nacional,
pero lo que es innegable es que muchos de nuestros directores, productores y
guionistas están siendo reconocidos a nivel mundial por sus trabajos en el
campo audiovisual. Rubén Mendoza, director de "La Sociedad del Semáforo",
es uno de estos personajes que han triunfado en diferentes festivales a nivel
mundial. Tiene 33 años, nació en Río Isabel Boyacá y estudio en dicho
departamento hasta segundo de primaria. En Bogotá hizo carrera en la
Universidad Nacional de Colombia en el programa de Cine y Televisión. Ha dirigido
varios cortometrajes como "La cerca", "La casa por la ventana"
y "El corazón de la mancha", entre otros. Es realizador de videos musicales de agrupaciones como "Doctor
Krápula", "Velandia y la Tigra" y ‘Ciegosordomudos'. En el 2010 (año
en el que se estrenó La Sociedad del Semáforo - LSD-S) ganó una beca que otorga el
Festival de Cannes en Francia para desarrollar en París, durante cinco meses, el
guión de un proyecto. “Primero aprenderé
a dormir, trataré de llevarlo con calma, ya corrí todos mis años 20 como loco. Ahora
hay que bajarle al acelerador y pues voy a escribir "‘El burladero"
que fue con lo que gané allá.
Llamadas, varias
llamadas. Rubén Mendoza las contestaba todas. Ya habíamos tenido un encuentro muy rápido “yo quiero darle la entrevista pero esta
semana está complicado, el tiempo no lo manejo yo”, afirmó en una de las
conversaciones telefónicas que sostuvimos.
Era la semana de estreno, ‘La Sociedad del Semáforo’ ya debutaría en las
salas de cine el 24 de septiembre de 2010.
Su tono de voz en
cada una de las llamadas daba a entender que era sincero cuando decía “quiero hacer todo lo que me proponen, pero
es que en este momento es difícil, se la intentaré dar, no se preocupe”. El
tiempo escapaba, era martes y el jueves Mendoza ya no estaría en el país. París
era su destino, su lugar de residencia durante los siguientes cinco meses. La
Résidence (‘La Residencia') es el nombre del la beca que Rubén ganó en el
Festival de Cannes para desarrollar el guión de uno de sus proyectos.
El día llegó, miércoles, la cita era en su
residencia a las 8:00 am de la mañana en el nororiente de Bogotá. Anuncian en
la puerta que lo buscan, Rubén no está despierto al parecer. Pasaron varios
minutos y no sabía si él recordaría nuestra cita que se había pautado la noche
anterior. A las 8:20 am salió, tenía esa apariencia de recién levantado, con
ganas de no estar allí pero dispuesto a conversar.
Gafas oscuras, camiseta de manga corta y alpargatas
daban una bienvenida amable a la conversación. Saludó y dispuesto daba entrada a lo que serían 40
minutos de charla.
Después de
los primeros minutos nos encontramos con un Rubén Mendoza directo, franco, sin
máscaras y hasta algo sarcástico. Todas
sus respuestas van al grano, como cuando se le pregunta que por qué ha afirmado
que escribe sus historias para él y su ‘parche’ y no para la crítica ni para el
público “yo digo que no lo
hago pensando ni en público ni en la crítica y eso es muy distinto, porque la
mejor forma de dar realmente lo de uno es no calcularlo para ellos sino
pensarlo como a uno le sale del corazón. Realmente, uno hace una película o un
poema y uno es el primer lector y el primero que la entiende, lo siguiente
sería la familia, lo siguiente sería el barrio, lo siguiente la ciudad y hay
cosas de barrio a barrio o de ciudad a ciudad que no se entienden: jerga,
gestos, chistes”.
Su vida en el colegio
fue difícil, él no pasaba más de un año en una misma institución. Lo sacaban
porque “los adultos son unos imbéciles buena parte del tiempo, especialmente en los
colegios y sobre todo en los católicos. Creo que ser maestro es una profesión
desagradecida, pero también creo que hay mucha tiranía y mucha culada. Como
dice el poeta Leopoldo María Panero: el colegio es una institución penal en
donde lo único que quieren con uno es hacerle olvidar la niñez. Yo comparto
eso, yo sólo viví opresión, humillaciones, discriminación, me salía con la mía
porque me burlé siempre, y más cuando los ánimos de venganza empiezan a
asomársele a uno como a los 11 años, a no dejarse joder, a no dejársela montar,
entonces, cuando uno lo vive así también se divierte con el desprecio y con
todo esto”.
Las gafas oscuras que
lleva lo protegen del sol mañanero y también esconden un poco cada una de las
expresiones de su rostro, es difícil saber sus reacciones porque son las gafas
como ese escudo que lo esconde todo.
Cada una de las
intervenciones del cineasta dejan al descubierto quién es él, lo que piensa y
cómo actúa. Mendoza cree que la vida
está llena de cosas que en realidad nadie les encuentra sentido porque las
considera inútiles; él ve la belleza donde nadie la ve, ve lo útil donde otros
sólo encuentran cosas inservibles, cree en los complementos. Llama a la mugre
hermana de la belleza “porque se complementan como la maldad y la
bondad, son hermosas las dos porque en la mugre está lo que se dice que no sirve y en lo inservible está lo más bello”. Con
cada una de las palabras logra transmitir lo que es, no quiere aparentar ser
nadie que no es, no quiere cambiar la realidad porque afirma que él no es nadie
para decirle a alguien qué debe hacer. Todas sus historias están basadas en
experiencias propias.
Cada una de las
personas que pasan por la vida de alguien dejan una enseñanza y él lo tiene
claro, no pretende ser como nadie pero a la vez pretende parecerse a muchas
personas. “Sería como mi papá, como mi
abuelo, como mi abuela Emperatriz, como Isabel. Me gustaría que mi abuela
también tuviera cosas de Herzog, de El Bosco. Todos se mezclan, no
necesariamente sólo cine, la literatura, la cultura y los fotógrafos, etc. La
familia y la gente importante que se le atraviesa a uno también son películas y
libros”. Es la variedad de temas,
personas y pensamientos lo que tiene su vida llena de opuestos. El cine, lo que
lo ha traído, tal vez, a este lugar no es lo único que lo influencia.
Busca la
tranquilidad, como lo afirma él, la tranquilidad de poder vivir sin apuros ni
necesidades. El cine, su carrera, económicamente no es de lo más gratificante, pero
Mendoza con su filosofía de lucha y entrega cree que todo es parte del proceso.
“No sé qué es hacer cine sin la urgencia
del pan diario y el techo. Siempre he tenido que vivir entre la supervivencia y
el cine. Muy pocas veces el cine me ha dado lo de sobrevivir un mes”. Ser
cineasta en un país como Colombia no es fácil, se encuentran con muchas
humillaciones pero “la humillación es
parte del método diría Herzog, yo creo en eso también. Lo más bello es lo
innecesario y lo inútil y ahí está el cine, ¡claro!, más el colombiano que no
sirve para nada”.
Antes de entrar a la
Universidad Nacional a estudiar cine, desde muy pequeño, Rubén ya ejercía el
séptimo arte, como el mismo afirma “desde
que me dejaban tomar fotos, mi papá me prestaba la cámara, la Pentax Cam, me
dejaba hacer una foto y después mi abuela también lo hizo. Justamente a ella empecé a filmarla desde los 10 años, ahí me
sentí haciendo cine. Yo estudié más como
por algún trámite y por darles alguna felicidad a mis viejos. Cuando yo empecé
a filmar a mi abuela siento que empecé a
ejercer el cine. El primer documental mío que le fue bien fue uno sobre mi
abuela que se llama ‘Pastillas para la memoria’”. Estos momentos son los
que le recuerdan a Mendoza de dónde viene y la importancia de no dejar esos
recuerdos atrás.
A un día de su viaje
a París, Rubén tiene cosas que terminar aquí en Bogotá. La conversación fluye
con naturalidad, pero es interrumpida un par de veces porque él tiene que
atender la llamada de unos amigos mecánicos para que se lleven su carro al
taller. Después de esto la conversación puede seguir hasta el final, pero Rubén
no esconde su afán, tiene que ir a la casa de sus papás fuera de la ciudad.
Volvemos a la
conversación: después de recorrer varios colegios, de no durar más de un año en
ninguno de ellos, qué fue lo que vino para el guionista y cineasta colombiano.
La respuesta es la Universidad Nacional de Colombia, donde obtuvo varios logros
como una beca para ir a terminar su carrera en Montreal, Canadá. La Nacional
tiene un significado especial pues “es el
resumen de un país porque se encuentra todo ahí. Todas las razas, todos los
estratos, todas las corrientes. Muchas carreras, todo el delirio de Colombia
ahí está”. El delirio, palabra que
se utilizó para promocionar La Sociedad del Semáforo, que para Rubén
significa: “delirio. Algo fundamental de
la idiosincrasia colombiana y tiene que ver, supongo yo, con cómo conviven
desgracia y amargura con el país más feliz de la tierra, supuestamente” afirma,
haciendo énfasis en esa última parte de la frase y agregando que el delirio se
puede encontrar en cualquier parte del país y el mundo. “Si se pone uno a pensarlo bien, cada persona es un persojanote. Ahora,
hay círculos muy aburridores y muy hijueputas que tienen al mundo muy aburrido
y que tienen al mundo muy culiado y ahí no hay delirio, ahí hay maldad,
cálculos, deshumanización y frialdad”.
Ese otro mundo
‘aburrido’ es tal vez al que pertenecen algunas de las personas que critican su
trabajo audiovisual, en especial La Sociedad del Semáforo, que es amada por
muchos y odiada por otros más. Qué responderle a esas personas que dicen que
LSD-S es sólo ‘porno miseria’ “mi
película es de ‘porno belleza’ lo que pasa es que les duele, yo acepto que a la
gente le parezca mala, que le parezcan ciertas cosas mal, pero cuando dicen eso es pura mierda. Les duele
que gente que no ha tenido oportunidades
las tenga y lo haga así de bien y de vivo. Les fastidia porque sienten que es
como el ñero que se les asoma al plato cuando están comiendo en la 93. Les
fastidia porque a la gente le duele más
que existan películas sobre los
problemas que los problemas. Pero, a ver
si esa misma gente se pregunta por las niñas que sí son violadas por 3 ó 4 personas
al tiempo en el cartucho, en la ‘L’ o en
el ‘Bronx" Continua y agrega que
"eso es pura hipocresía, cuando
dicen ‘porno miseria’ es pura
hipocresía. Es una celebración de la gente que la tiene difícil , de los
olvidados, de la anarquía, sin ser abogado de ellos. Ahí no hay abogados, hay
maldad en todos y bondad en todos. ‘Porno miseria’ es un término que me exaspera porque además desde el principio yo
lo aclaro cuando están los audios ‘Agarrando pueblo’. Lo que hay es belleza, lo
que pasa es que la gente cree que eso no existe porque no salen de su oficina a
la camioneta y de la camioneta a la
oficina, los que hacen ‘pomo miseria’ son ellos y los perros son ellos “.
En ese momento de la
conversación Rubén Mendoza cambia un poco su semblante, ahora está tenso,
incómodo. La pregunta lo sacó de sitio, la pregunta es una de esas que da donde
ya muchos han dado y es por eso que le molesta esta situación. Y agrega que las
personas que prefieren omitir esto pueden subir la ventana y quedarse callados
pues les “basta con eso, está bien ser
indiferentes. Si es uno así es así, pero que no sean hipócritas criticando cuando
en realidad lo que tienen es un problema de doble moral”, de esta manera
deja clara su posición sobre lo que piensa sobre los críticos de la película.
Rubén es una persona
de retos, de trabajos. Ha estado trabajando desde hace varios años en cortometrajes,
comerciales para televisión y ha colaborado con otros cineastas como Luis
Ospina. Ospina es esa persona que significa mucho para Mendoza dentro de la
profesión: “él es tipo que me enseñó a dirigir la mirada y que me enseñó para qué
servía el cine. Él sí me importa académicamente, mucho más que la Nacional. Yo
edité 2 películas en su casa y después la mía y fue una delicia trabajar con él
y aprenderle. Estar callado, pillando qué piensa el viejo y tal. Pues tan callado
no porque hay mucho debate, pero con la
humildad de que es un man que tiene una capacidad de relación en su cerebro muy
particular, que es un tipo honesto, no es mamón con los jóvenes y que no es un abusador, es una buena persona
y, a parte, también un delirante, un necio, un bacán y justo, muy justo” de
esta manera Mendoza deja claro qué es lo que admira de personas como Luis
Ospina, al que le dedicó su película. Este tipo de personajes sí son relevantes
en la vida de Rubén, son películas, libros, todo junto.
Y ¿por qué hacer cine
en un país como Colombia donde la industria es prácticamente inexistente y esto
trae como consecuencia que todo se dificulte más? “Pues los orientales dicen que es mejor tomar todo por difícil, así no
se tropieza uno con dificultades. Claro que es difícil y eso lo hace rico y
aparte de difícil es innecesario y aparte de innecesario es desgastante y
aparte de desgastante es humillante ser artista y más en Colombia”.
Desde su punto de
vista el cine nacional no está en su mejor momento “porque estamos haciendo mucha mierda. Está como siempre, nuevo, inmaduro, ahí
naciente, haciéndole fuerza a la brava, bueno para nada” entonces qué se
necesita “tiene que haber muchas
películas para que empiece a haber vainas muy poderosas. Yo creo que va a pasar,
porque ahora uno se puede armar de una cámara y ya tiene como exhibir muy breve,
se evitan los monopolios”
Así termina Rubén
Mendoza la conversación, una sonrisa, un apretón de manos, con algo de afán y
nos deja la sensación de que hay mucho por aprender de las personas que nos
rodean, hay que intentar ver la vida desde un punto de vista alternativo y que
no todo está tan mal, que la esperanza está allí latente, sólo falta ver lo
bello y lo útil donde nadie lo ve jamás.
Comentarios
Publicar un comentario