A nosotros, a nuestras versiones: Vamos por ahí matando lo que una vez fuimos, eso que construimos de nosotros mismos junto alguien o por alguien, esa versión que existió de nosotros. Es como si después de cada relación ese "yo" que existió ya no pudiera existir más, como si lo tuviéramos que matar, esconder, meter debajo de la cama o al menos dejarlo en desuso. ¿Será? Pero duele ser (o intentar seguir siendo) esa persona que ya no serás más. Porque lastima aún vivir en sentimientos que ya no están. Porque hiere convivir con una versión de ti que alguien ya mató pero que tú aún lloras. Y le lloras a un cadáver, inerte, inmóvil, pero sintiente. Y sí, crea una versión nueva. Déjate morir. Llórate si tienes que llorar. Extráñate, pero no para siempre. Y justo ahí empieza de nuevo. Al final no te vas a morir de desamor.
A veces no sé ni qué extraño. Si es la costumbre o la idea de tener algo que ya no es mío. Es un presente continuo. Es un verbo en transformación y activo. Claro, y esto, lo nuevo, la incertidumbre, es hacerse violencia. Es exigirse. Es pellizcarse. Es sacudirse. Es espabilar. Es aguzarse. Es un montón de verbos en acción. Es vivir en un constante presente continuo