Lleno de errores. Humano. Los llevo a cuesta, no me arrepiento, me han forjado, soy ellos y ellos son yo. Sin ellos no estaría, no sería capaz de escribir estas líneas.
Ya me voy a otra parte. Naufragaré. Me lanzaré al vacío. Sin paracaídas. Sé que flotaré. Que volaré.
Y si ya no me haces falta no importa. Me tengo a mi mismo y conmigo me basta.
Cuando llevas tu vida a cuestas. Cuando tu vida cabe en una maleta de 40 litros con un solo bolsillo, en una mochila y un canguro, te das cuenta de que lo material vale poco y nada. Aprender a apreciar y a desprenderse al mismo tiempo no es fácil. Pero andando por el río, caminando por la selva a paso de paisano, a paso de un indígena que se conoce la selva, como el vecino de Bogotá que conoce la cuadra donde vive, se da cuenta uno que para vivir se necesita salud, un estado físico respetable; unas botas de caucho; agua en buena cantidad; algo para comer mientras caminas o andas por el río y que el resto el viaje te lo da. Pero no. Nos empeñamos en acumular, en tener y demostrar que tenemos. En la soledad de la noche amazónica, a orillas del río Putumayo, se da uno cuenta de que sino tienes más que a ti mismo podrás sobrevivir, podrás ser feliz con poco o mucho, pero podrás ser. Y no soy ejemplo de nada. No soy e...
Comentarios
Publicar un comentario