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Un día, resumen


4 Am, suena la alarma. La clase de 7 espera. Debo ir a La Sabana, mi casa está a casi dos horas de camino, en Fontibón. Me toca atravesar toda la ciudad. Me levanto, me alisto y salgo a las 5 Am.
Cuando tomo el colectivo, el primer transporte que debo abordar,  éste está vacío. “Qué bien”  pienso siempre que me siento. Me tardo alrededor de 45 minutos en llegar a la Avenida Boyacá con Avenida Esperanza. La cantidad de tráfico que me encuentro en las mañanas no deja que haga el recorrido en menos tiempo, tal vez en 20 minutos. Los carros particulares y de servicio público que circulan cada mañana arman un estacionamiento gigante. Cuando me bajo el colectivo está lleno, “RElleno”, pienso. Es difícil bajarme, a empujones lo logro.

A las 5:45 Am ya estoy en la Boyacá esperando el bus de la Universidad o es su defecto alguno de servicio público que me deje en La Sabana, "La flota". después de algunos minutos de espera llega el bus, me monto y en él duermo, literalmente duermo, con la boca abierta, por 60 minutos.

El viaje mañanero es tranquilo, parsimonioso en la medida que la ciudad lo permite. En cambio, en la tarde, cuando salgo a las 6 Pm, todo cambia, lo buses van llenos, con sobre cupo; la ciudad está atestada de carros, motos, transportes escolares, colectivos, buses, es un carnaval caótico. Sí compartiéramos más los carros, si nos fuera solo en conductor en un carro para cinco personas. No lo sé, pero tal vez consiguiéramos así menos tráfico. 

Llego casi a las 8 Pm a mi casa en Fontibón. Allí me espera mi tía, mi primo y la gata Lulú. En ocasiones recuerdo cuando llegaba a mi otra casa, en Suba, y nadie me recibía, solo el vacío, mi hermano trabajando y yo estudiando, no coincidíamos mucho. Hoy agradezco llegar a un lugar, a un sitio donde alguien me espera.   

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